Buenas tardes.
Hoy es uno de esos días en los que me invade la nostalgia, y en especial, la porrera.
Para contar esta historia, voy a ponerme de fondo un buen tema psicodélico; The Spiritual Death of Howard Greer del grupo Touch. Bastante desconocido, pero no por eso no es importante. Os recomiendo oír sus temas, y si es en un viaje, mejor aún. Esos cabrones penetrarán tu mente a la velocidad de la luz y cuando menos te lo esperes, habrás entrado en sus canciones.
Pero al grano.
Yo tenía la tierna edad de dieciséis años, o por ahí. Nunca he sido un buen estudiante, y la responsabilidad no la conocí hasta varios años después. Así que en esos tiempos, mi única preocupación eran las mujeres, la música, los amigos y querer explorar mi mente. Conocer esos rincones del cerebro ocultos en la sobriedad, saber si eso tan guay que aparecía en las películas era ficción o realidad.
Es decir: la marihuana.
Por ese entonces, al menos entre la gente de mi edad (cómo es lógico), la marihuana era un tema bastante prohibido y asociado a los llamados "marroneros". O sea se, aquellos que te roban cuando vas por la calle o son capaces de mandarte al hospital con tal de llevarse los cinco euros que llevabas en el monedero.
Muy lejos quedan esos tiempos en los que la marihuana se asociaba a la gente que reivindicaba la paz y disfrutaban un buen tema de Jefferson Airplane.
Pero es igual, a mi mejor amigo y a mí nos la pelaba la asociación que tenía la marihuana con la sociedad o los supuestos peligros que tenía si la consumías. Muchos de ellos infundados por gente que escribe leyes sobre la salud mientras bebe borubon.
Cabe decir que mi colega ya tenía experiencia con la marihuana, pero para mí era algo totalmente nuevo, idealizado y deseado.
No dejaba de contarme historias de que si la marihuana te hacía sentirte cómo en una cápsula, que el corazón se aceleraba, que volabas o que cualquier gilipollez de podría dejar media hora descojonándote en el suelo.
Joder, ¿Cómo no vas a querer eso? Si es lo mejor del mundo.
Después de estar semanas escuchando sus historias y viendo vídeos en YouTube de un canal llamado Boris Petis (Un canal dedicado exclusivamente a la marihuana), decidí probarla. La noche D fue una noche en la que fuimos toda la clase a cenar a un restaurante del pueblo. No pude dejar de mirar los platos de mis compañeros a ver si se terminaban de una puta vez la cena. Lo único que quería era salir de ahí para volar y reírme con esa mágica planta.
Cuando por fin llegó el momento en el que mi amigo se encendió el porro, le pegó la primera calada y posteriormente, me lo ofreció... Simplemente tosí cómo un terminal y me supo a pura mierda. No sé si es que le echó mucho tabaco o qué, pero fue de las peores cosas que me metí en la boca.
-¿Cómo voy a tragar el humo? ¡Es imposible! - Le dije a mi amigo.
-Si no tragas, no te va a subir y te puede dar cáncer de lengua. - Me contestó.
Lo que me faltaba, voy a morir de cáncer de lengua sin haber sentido en el cerebro los tan ansiados efectos.
No soy una persona que se rinde fácilmente, así que tras varias noches en las que volvía a casa indignado por fumar y no sentir nada, estaba con mi amigo y un grupo de gente que yo que sé de donde salieron (En esa época era bastante común en mi vida el no saber con quien estaba) dando un paseo después de fumarnos unos porros y yo le estaba dando la chapa a mi amigo diciéndole que gracias por intentarlo, pero que la maría no es para mí y que no volveré a fumar porque no me hace nada.
Y de repente, mi amigo me mira extrañado y me dice: -¿Que cojones haces andando apoyado en los coches? -
Entonces me detengo, miro a mi lado y descubro que estoy caminando mientras mi cuerpo está tirado en los coches aparcados. No sé cómo no me llevé algún retrovisor.
Me incorporo y siento las voces de la gente muy dentro de mi cabeza.
-Tío, creo que por fin estoy fumado - Le dije.
-¿En serio? - Me contestó con una pícara sonrisa en el rostro.
-Si, si. Siento que estoy en la famosa cápsula.
Acto seguido, todo fue cómo un dulce viaje mental lleno de risas, efectos raros y una especie de absurda hermandad con gente que no conocía de nada.
Sin darme cuenta, mi vida cambió. Todos los fines de semana de los próximos años iban a dedicarse a la maría. Momentos inolvidables que dan para escribir más entradas del blog y, aunque ya no consuma, o al menos, tan seguido cómo en mi época adolescente... Sigo siendo un enamorado de la marihuana y trato de luchar para que sea legal. Al igual que también se cambie el absurdo drogotest de la DGT.
Tío, no tiene sentido que consumas un viernes por la noche, conduzcas el lunes para ir a trabajar y des positivo pese a no tener ningún síntoma. O que metan en el mismo saco el positivo de marihuana con el de cocaína u otras sustancias.
En fin. Espero no haberos aburrido y que hayáis disfrutado con esta entrada.
Que tengáis un muy buen día.
Si queréis seguirme en las redes. Tanto mi insta cómo mi X es @axelbruma.
Os quiero mucho.
Axel.

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